Back to Human


 

Hace unos días tuve la oportunidad de participar en una presentación sobre un estudio realizado por la Universidad Anáhuac en la Carrera de Comunicación, de cómo la IA esta siendo utilizada para el desempeño de las tareas e investigación de los estudiantes. Si bien es más que obvio que los estudiantes utilizan la IA para realizar sus trabajos, también es cierto que la institución está trabajando en como regular y adaptar esta herramienta que hoy es prácticamente imprescindible para cualquier tarea.

De acuerdo con una investigación realizada a finales del 2025 por Conecta Tec, el 92% de los universitarios en Latinoamérica ya utiliza herramientas de IA en su vida académica cotidiana.  Un 24% de los estudiantes utiliza estas herramientas a diario, mientras que el 59% de los jóvenes entre los 18 y 24 años reporta un uso semanal.

No obstante, esta nueva forma de trabajo me llevó a reflexionar qué tanto estamos dependiendo de la IA y qué tanto estamos conscientes de que hoy lo más valioso es la investigación y las relaciones interpersonales.  En el pasado, en nuestra época de universitarios, la investigación la realizábamos saliendo a las calles, realizando encuestas, visitando bibliotecas o hemerotecas, tomando fotografías con cámaras análogas, grabando entrevistas con cintas o cassettes, sin duda nos absorbía mucho tiempo, pero el recabar esta información era de primera mano y 100% artesanal.

Lo anterior me llevo al concepto “Back to Human”, que no es precisamente un rechazo a la tecnología, sino una respuesta necesaria a la "fatiga de lo perfecto". En un ecosistema digital saturado de textos impecables, imágenes generadas por IA y avatares hiperrealistas, el error humano y la espontaneidad se han convertido en los nuevos sellos de la confianza.

Algunos medios reconocidos de moda y estilo de vida en su momento, crearon modelos perfectos a través de la IA, lo cual fue rechazado por sus lectores, simplemente no reflejaban lo natural, lo imperfecto.

Durante años, las RRPP buscaron eliminar la fricción: respuestas automáticas, procesos fluidos y estética pulida. Hoy, la falta de fricción genera sospecha. Curiosamente las nuevas generaciones valoran los videos sin editar, los "lives" con fallos técnicos menores y el lenguaje coloquial. Esto demuestra que hay una persona real detrás, no un prompt de IA.

Un comunicado de prensa que suena demasiado procesado es ignorado. Las marcas están volviendo a las notas manuscritas (digitales o físicas) y a los mensajes directos personalizados.  El gran reto de la comunicación y el periodismo en 2026 no es la falta de información, sino la crisis de la evidencia. La IA ha democratizado la creación de contenidos, pero ha fragmentado la confianza del público.

El periodismo y la Comunicación debe pasar de ser "el que cuenta lo que pasa" a ser "el que explica por qué importa". La curaduría humana es el filtro que evita que el público se ahogue en un mar de textos sintéticos. El uso constante de la IA en áreas creativas y de comunicación como el storytelling y las RRPP ofrece una eficiencia innegable, pero también introduce riesgos estructurales que pueden comprometer la integridad de una marca o un mensaje.

Cuando utilizamos la IA para generar todo el contenido, se corre el   riesgo de caer en la homogeneización.  Los modelos de lenguaje no entrenan con datos existentes, lo que significa que tienden a predecir la respuesta más probable o común. El contenido pierde la “chispa” y termina pareciéndose al de la competencia. En un entorno saturado, la falta de diferenciación es una sentencia de muerte para el branding. La narrativa se vuelve predecible y carece de ese tipo de tono disruptivo, el cual es necesario para sobresalir.

Si los periodistas o la audiencia perciben que no hay un humano detrás de la comunicación, el vínculo emocional se rompe. Por ejemplo en una crisis de reputación si se descubre que las respuestas “empáticas” o posturas corporativas fueron generadas por un algoritmo sin sensibilidad humana.

Los modelos de la IA reflejan los sesgos presentes en sus datos de entrenamiento (racismo, sexismo, prejuicios culturales). Sin una supervisión humana crítica, la IA puede generar contenido que resulte ofensivo para ciertos grupos o que perpetúe estereotipos nocivos.

Depender de la IA para el “primer borrador”, limita el músculo creativo del equipo, la pérdida de capacidad de pensar “fuera de la caja”, sin embargo, la IA es excelente combinando ideas existentes, pero el ser humano es quien produce saltos conceptuales que pueden ser muy originales. Por ello establecer un protocolo de curaduría es fundamental, a fin de someter a un filtro crítico que garantice que el resultado final tenga alma, emoción, ese toque disruptivo que una máquina no puede replicar por sí sola.

Uno de los puntos a revisar en un contenido es la prueba de la personalidad, la regla del 70/30, usa la IA para el 70% del trabajo operativo (estructura, búsqueda de datos, borradores) y el 30% del toque humano (metáforas, tono rebelde, remates emocionales), este último debe ser 100% humano.

La IA es una excelente contadora de historias, pero es muy mala como fuente de verdad absoluta. Cada dato estadístico, cita bibliográfica o evento histórico mencionado por la IA debe ser verificado en una fuente primaria externa. Sino se encuentra la fuente original, el dato se elimina. La reputación corporativa es demasiado frágil para arriesgarla por una “alucinación” algorítmica.

La IA viven en el pasado, la curaduría humana debe aportar el “ahora”. Añadir referencias a la actualidad inmediata, anécdotas personales o matices culturales que solo alguien que vive la realidad del sector puede conocer. Evalúa si el mensaje es empático con la situación actual. La IA no tiene “termómetro social”.

Dado que los modelos de lenguaje arrastran sesgos de internet, el curador debe actuar como un ombudsman. Hay que asegurarse de que el lenguaje no perpetúe estereotipos de género, raza o clase de manera inconsciente. Decir cuándo es ético declarar que se utilizó IA en el proceso y cuándo el valor añadido humano es lo suficiente alto como para firmar como autor único.

El mayor desafío es, irónicamente, no perder nuestra esencia. Al intentar competir con la velocidad de la IA, muchos medios y marcas se vuelven mecánicos. El periodismo y la Comunicación que sobreviven en 2026 es el que tiene olfato, calle y empatía, tres cosas que el código aún no puede simular con éxito.

 

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